Así está Racing. Con un panorama complicado, la Academia deberá redimirse de todos los malos resultados, nada más y nada menos que frente al eterno rival. Alcanzar la punta es algo verdaderamente difícil, pero no imposible.
Es increíble estar hablando de esta manera de un Racing que, a principio de año, prometía tanto. Y más si tenemos en cuenta los alentadores resultados que se cosecharon en el comienzo del torneo, dejando al margen la dolorosa lesión del colombiano Giovanni Moreno. Sin embargo, la realidad nos golpeó y el giro desalentador que provocaron los resultados adversos hoy nos depositan en un discurso triste, que carece de adjetivos positivos y que en muchas ocasiones los elogios resultan pasajeros.
Las palabras del propio Miguel Ángel Russo quien antes de comenzar el torneo mantenía su postura asegurando que contaba con un plantel corto, se hicieron realidad desde hace ya varias fechas. Debido a las expulsiones que sufrió en el encuentro ante Tigre, la Academia no encontró variantes eficaces para poder contrarrestar la malaria y conseguir la victoria de una vez por todas.
El partido frente a Huracán era el ancho de espadas que deberíamos tener para poder cantar truco con confianza el próximo sábado. Esos tres puntos que nos asegurábamos con una victoria en el Tomas A. Ducó eran tan indispensables como necesarios. No sólo por acortar distancias con el único puntero del torneo sino también para llegar con confianza y un poco más aireados a una de las contiendas más importantes del año.
Ahora, ya con el primer empate del torneo en el bolsillo, por los aires de Avellaneda rondan más dudas que certezas. Esas ganas de poder pelear en lo más alto del torneo hasta las últimas instancias, parecerían ser una utopía. Sin embargo, a diferencia de la liga española en donde el Barcelona le sacó 27 puntos al tercero, la Academia se mantiene a cinco unidades de River y pese a que la ventaja que ya entregó el conjunto de Russo es demasiada, una minima pizca de esperanza se mantiene latente.
Lamentablemente, el panorama que se preveía era otro. A esta altura el horizonte se ve borroso, los objetivos están poco claros y las ganas de conseguir algún logro importante está difícil, pero no imposible.
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