viernes, 4 de febrero de 2011

Cada vez falta menos

Se terminó el verano. Pasó Mar del Plata, Mendoza y Colombia. Pese a que muchos amistosos fueron jugados, por distintos motivos, con equipos alternativos, los titulares dejaron una buena imagen y se aproxima un futuro prospero.

Un verano calmo en los escritorios y agitado en el verde césped comenzó aquel 13 de enero cuando los dirigidos por Miguel Ángel Russo se dirigieron hacia la ciudad balnearia de Mar del Plata para disputar el típico torneo de verano. Sin embargo, no tuvo un desarrollo tan normal para la entidad de Avellaneda debido a que la tragedia que sucedió en Open Door hizo que el selectivo conducido por Juan Barbas debiera afrontar el partido frente al flamante campeón argentino conducido en ese entonces por Alejandro Sabela. El 4-0 en contra pasó a segundo plano ya que ese partido nunca debió haberse jugado aunque lamentablemente, en estos casos, el show debe continuar y la pelota siguió rodando.

Cinco días más tarde, volvimos al José María Minella para enfrentar a River. En este caso, se hicieron presentes todos los titulares y el baile que se comieron las gallinas fue terrible. El 1-0 a favor de los Millonarios no fue justificativo para bajar los brazos y la Academia, basándose en el juego colectivo y en un paladar fino sediento de buen fútbol, llegaron a dar vuelta el resultado y sentenciar un contundente 3-1.

Los encuentros continuaron, pero el escenario y los rivales no fueron los mismos. La ilusión de ver un Racing protagonista en este 2011 se traslado a la tierra del vino para disputar un triangular frente a San Lorenzo y Godoy Cruz. El primer encuentro, frente a los Cuervos, terminó con el marcador en cero luego de 90 minutos para la siesta. Más allá de haber jugado con la mayoría de los titulares, la Academia no pudo quebrar el cero.

Era el turno de jugar frente a los locales y, por eso, Godoy Cruz era la próxima parada. Con mayoría de suplentes por los compromisos en Colombia, la entidad de Avellaneda cayó derrotada por 2-1 y terminó el torneo de verano en la última colocación. Los refuerzos no llegaban y tanto Russo como los jugadores debían comenzar a amoldar el equipo con los mismos jugadores que habían finalizado el torneo pasado salvo José Luis Fernández, Roberto Ayala y Lucas Castroman quienes fueron las únicas bajas.

Aquellos que disputaron el encuentro frente al Tomba se sumaron más tarde a la delegación que había viajado días atrás al país vecino de Colombia para disputar los dos amistosos que tenían programados frente al Atlético Nacional. El domingo 30 era el día señalado para el primer choque en donde los titulares (los que seguramente disputen la primera fecha frente a All Boys el domingo 13 de febrero a las 17) se debían medir a uno de los equipos más importantes de Colombia. El encuentro finalizó 1-1 pero el timido “Tiki-tiki” fue asomando en los pies de cada uno de los integrantes y la intensión de tratar el balón con criterio, calidad y coherencia se hacían notar.

La revancha, cuatro días después, se traslado a Bucaramanga, al estadio del clásico rival del Atlético Nacional. Con varios entrenamientos, muchos partidos más de ruedo, se presumía observar un equipo más afianzado y con más volumen de juego. En definitiva, es lo que sucedió y los dirigidos por Russo vertieron al campo de juego ese dulce que empalaga a cualquier admirador del buen fútbol. Más allá de que el resultado vuelva a ser empate en un gol, la superioridad que mostró el conjunto racinguista presta a la ilusión y a la esperanza.

Los amistosos, son amistosos y hay que tomarlos como tal. El primer escollo será el próximo 13 de febrero cuando tengamos que visitar Floresta para enfrentar a All Boys a partir de las 17, encuentro que será el primer paso de un largo camino al cual ingresamos con cierto grado de optimismo que, esperemos, se mantenga hasta la última fecha en el Fortín, donde todos supimos sonreír y gritar al unísono esas dos palabras mágicas.

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