Racing mostró las mismas características que la Selección de Maradona durante el Mundial. El equipo fue un conjunto de individualidades sin coordinación aparente, un problema que viene arrastrando desde hace tiempo.
Fue el mismo Racing del torneo anterior. Y no era para esperar más ya que en la previa del partido, con Gio Moreno sin transfer y con Pillud roto, solamente con Patricio Toranzo en cancha como rutilante refuerzo, todo hacía suponer que el único que le podía dar un poco de toque el equipo era el ex Huracán. Pero resultó que, justamente, el peor de los 11 fue él.
Cáceres yendo sólo por la banda, amagando a un contrario y luego perdiendo el balón. Lugüercio en su eterno empuje, muchas veces inadecuado. Hauche que no termina de ni siquiera poder concretar un solo enganche. Licht con la mirada puesta hacia adelante, siempre intentando avanzar, cuando a veces la mejor manera de desequilibrar es hacer una pausa para dar un pase atrás. Toranzo, como ya se comentó, nadando en un mar de imperfecciones. Cinco jugadores, cinco individualidades y un gran peso sobre las espaldas del colombiano Moreno, único capaz de unir y construir lo que hasta ahora nadie pudo: Juego colectivo.
Tantos futbolistas en un bajo nivel sugiere preguntarse acerca de la responsabilidad del técnico en el tempestuoso andamiaje del equipo. “Quiero y aspiro a que el equipo juegue mejor”, palabras de un Miguel Ángel Russo que se repiten encuentro tras encuentro. No es posible juzgar al entrenador por la empecinada decisión de sus dirigidos por ir hacia adelante bajo cualquier circunstancia, como tampoco se lo puede juzgar por los pases mal hechos por Toranzo, pero se abre una gran duda respecto a la culpabilidad de Russo por no estructurar el mediocampo con delanteros y defensores de una manera determinada que posibilite armar triangulaciones, paredes, toques de primera, desmarques. No hace falta aclarar que la España campeona del mundo no lo fue en sí por su poder ofensivo ni por su solidez en la última línea, sino por su dinámica a la hora de mover las piezas constantemente para encontrar en todo momento a un jugador desmarcado para asociarse.
Gio Moreno demostró en un partido amistoso que puede cumplir con la tarea de enlazar tantas individualidades. Pero al mismo tiempo tiene que haber una idea que provenga desde la dirección técnica del conjunto académico tendiente a inculcar la disciplina del buen juego, de lo contrario, Racing se parecerá más a una argentina anárquica con Maradona a la cabeza que a la España de Vicente del Bosque. Y nadie quiere un cachetazo como el del 0-4 ante Alemania.

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