domingo, 8 de agosto de 2010

Clinck caja!

Por el nombre, el escenario y las fugaces intervenciones de algunos de sus futbolistas Racing ganó un partido que se adapta a la corriente del entrenador: de menos a más, en silencio y si hablan poco de su equipo mejor. All Boys tuvo chances, y el mismo miedo a sumar tres puntos.

Fuimos nosotros en mayúscula expresión. Se gestó un contexto para que nadie ponga en duda que no estábamos en otro lado que no sea Avellaneda. Faltó un detalle, no poco menor y que merece ser rescatado: no nos arruinaron la fiesta ni Domínguez, Grazzini o Rimoldi. Créame que estuve toda la previa considerando que eran muchos “ex” para salir airosos. La semana previa al debut, cuando todo parecía mas o menos ordenado, empezó con la lesión de Pillud, la salida del equipo de De Olivera (no había demasiados datos sobre Fernández), la duda Hauche o Lugüercio y terminó acorde a nuestra historia: la “figura”, el refuerzo que le otorgaría la distinción al equipo no fue habilitado. No me asombra, si me cansa.

La previa y el partido tampoco escaparon demasiado de cada primera fecha en la cual nos hemos armado para estar entre los de arriba. Mas allá de las raras excepciones, la cancha llena, esa algarabía que brota por todos los costados de Avellaneda, los embotellamientos en el “Puente”, el cotillón renovado y la ilusión. Porque si a hay algo que nos mueve es la utopía.

Decía que el equipo tampoco le pudo escapar al contexto que implica un debut con la celeste y blanca. Nerviosismo, apuro, buscar el segundo gol antes de hacer el primero e impaciencia, sobre todo impaciencia. Salvo ratos de Toranzo, que recibió tibias reprobaciones por intentar que la pelota sea de Racing y no de All Boys, fuimos sin saber donde.

Los nuestros salieron a jugar un partido importante y All Boys el de su vida. Los noventa minutos más emocionantes de sus últimos treinta años de historia. Se notó. La fiereza en cada pelota dividida, la fuerza interior que caracteriza a los equipos que se saben inferiores y la concentración le permitió al serio aparato de Romero dejar la suerte de Racing en las manos de su arquero. Fernández tuvo un sublime primer partido, mostrando credenciales de arquero de equipo de punta. Hay que responder en las pocas intervenciones que se le presentan.

Lo del local era confuso. Toranzo no encontraba ni encontró el lugar por donde hacerse eje, sacando los primeros quince minutos del segundo tiempo en donde jugó mas adelantado y tomó varias intervenciones. En el primer tiempo partió más de una vez detrás de Yacob, que no solo realizó una impresionante tarea como recuperador, auxilio y relevando todo lo que tácticamente le correspondía, sino que también se entrometió entre las líneas de la visita. Licht no se definía en su zona y por el otro sector Lugüercio logró desbordar en dos ocasiones que no culminaron con buenos centros. Tampoco había podido Hauche. Comprometido con la causa, pero demasiado errático en las intervenciones. Su voluntad fue premiada con un mano a mano que terminó en las manos de Cambiasso. Tambien contrarrestada producto de que en un apuro por enfrentar al arquero quedo inhabilitado. Por su parte, Bieler estuvo durante treinta minutos estacionado entre Domínguez y Casteglione. Cuando se retrasó y partió de tres cuartos se vio lo mejor de Racing.

El complemento fue distinto. La visita no fue tan generosa y no veía con malos ojos llevarse algo de Avellaneda. All Boys tuvo sus momentos y no logro capitalizar. Ahora, a defender… Se adelantó Toranzo, empezó a repartir juego para una banda y la otra y se jugaba en campo rival. Se iba, ¿Cómo se iba? En ese momento no importaban demasiado las formas, había que “ponerla allá”. Llegó rápido la ofrenda. Cuando se miraba mas el banco que el partido, observando en que momento se sacaba el buzo Fernández para darle vértigo al equipo apareció Aveldaño. El tiro libre de Bieler derivó en un rebote que capitalizó con un duro remate el oriundo de Rafaela, que no tenía una buena noche. Salvo el recio Cáceres y la maravilla que es Martinez, la defensa careció de coordinación. Ahora si.

Imaginaba que se iba a contar con más posibilidades de ampliar la diferencia. Otra de Aveldaño, dos o tres avances que por desiciones equivocadas no terminaron en ataques profundos, el remate de Toranzo y anteriormente una de Bieler que no pudo ser. Lo de ellos fue mas temor a nuestra propia historia y nuestro pesares que lo que All Boys generaba. Se corrompió algo mas la noche cuando Yacob se fue expulsado por el desprolijo Beligoy. Justamente por el reglamento, sin obviar que se “comió” solo el miedo y era una de las figuras de la noche. Es mas, su gran partido y exceso de confianza lo llevó a intentar robar en lugar de acompañar al rival.

Cuarenta y nueve minutos corrían cuando el árbitro pito el final. No estuvo mal, podría haber estado mejor. Debemos estar mas aceitados para lo que viene. Para una primera vez lo bueno es cumplir y llevarte lo que vas a buscar. Lo logramos. ¿Fantasía o realidad? Hoy nos fuimos felices.

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