Franco Zuculini elogia al volante, que está a punto de volver al equipo y que le representa competencia en el medio. Lo apunta como el indicado para suplir la ausencia de Gio (…”te da mucho fútbol”) y, ante su posible salida, asegura: “Voy a respetar la decisión del técnico”.
Franco Zuculini vive un dulce presente. Lejos del Viejo Continente y su hostilidad, el volante disfruta de la cercanía con “su mundo”. Así lo manifiesta él; que la “Academia” es su refugio, su ámbito, su hogar.
Al llegar, Avellaneda lo recibió con los brazos abiertos, Miguel Russo lo lanzó a la cancha, ante los contratiempos provocados por las lesiones y el ex Hoffenheim adquirió la continuidad necesaria y esquiva tiempo atrás. Ahora, con dos íconos del equipo recuperados (Yacob y Toranzo), “Zucu” tendrá mayor competencia para ser titular. “Sabía que iba a tener competencia en Racing. Pero, por más que sea suplente, a mi no me interesa. Estoy para sumar, para ayudar y voy a respetar lo que decida el técnico. No tengo problemas, estoy en mi país disfrutando de un vestuario que la verdad lo extrañaba mucho. Aunque no juegue voy a estar bien anímicamente. La verdad es que estoy mejor y si tengo que volver a Alemania lo voy a hacer con más energía”, desenvuelve contento.
Nunca termina de reafirmar que aquí está feliz y que se rehúsa a partir de nuevo. Lo repite una y otra vez. “Si tengo la oportunidad de volver (a Alemania) y romperla, sería lo mejor. Pero acá estoy tranquilo y no sé lo que pasará con mi futuro. Lo que sea, espero que sea para bien, porque las malas ya las viví”, pide con clemencia.
Pero la actualidad del oriundo de Escobar está en el fútbol argentino y aparta a un lado su pasado malogrado. Avanza y analiza, de manera superficial, los primeros compromisos en este Clausura y la estirpe del elenco albiceleste: “Depende contra quien juegues, se puede definir cómo podés jugar. Con All Boys fue un partido de batalla, con Boca se podía jugar y con San Lorenzo también, por las dimensiones de la cancha y porque ese equipo también juega bien. Imagino que con Olimpo será lo mismo y con Colón de batalla. Racing siempre intentó jugar bien, quiso hacerlo, y le salió por momentos. Eso me alegra mucho”.
Giovanni Moreno no está. Se fue. Todo Racing procesó la consigna y proclamó reinventarse. “No tenemos el plus que nos daba ‘Gio’; su inteligencia para hacer las cosas más rápidas y el peligro que creaba él. Pero tenemos jugadores para jugar bien y obviamente que se puede hacer”, atestigua Franco, quien hace tiempo nos manifestó las enormes ganas de compartir cancha con el diez colombiano.
Ese pibe que, con tan sólo 18 años, emigró a un mundo desconocido y muy distinto de nuestras costumbres, se chocó con unas cuantas emociones juntas al volver al país. Halagos, sorpresas y reencuentros. Uno de ellos se dio en el último fin de semana. “Estoy muy contento de volver a jugar en doble cinco con Yacob. Disfruto que él esté en la Selección y pase por un momento muy bueno. Eso también me da fuerza a mí, porque si pierdo una pelota o estoy desordenado, él me habla, me ordena. Entiendo que es quien que maneja todo y tengo que prestar atención en lo que él me dice porque siempre es cierto. Contra San Lorenzo me vivía hablando desde atrás, tácticamente, y yo hacía lo que me decía. Era un títere jaja… Espero que siga así, porque si no me habla nadie hago cagadas”, cuenta, entre la verdad y el humor.
Ahora, se pone serio. Habla de su titularidad. Reconoce que para la mente de Russo él ocupa el lugar de Patricio Toranzo. Aunque, también, sabe que no lo hizo mal en las tres demostraciones que tuvo. Quiere seguir en el once titular pero, sincero, señala: “Toranzo es un jugador perfecto. Te puede dar fútbol y ganar metros para atacar. A veces es difícil la asociación del mediocampista con el delantero y él nos puede dar esa conexión. Él y ‘Gio’ le daban juego a este Racing y voy a respetar la decisión del técnico, somos todos compañeros”.
La gente de Racing lo ve como un hombre. Como un ídolo. Lo aprecian, y lo cargan con la responsabilidad de llevar al equipo adelante. El entrenador lo cataloga como un chico con demasiado por aprender, al cual hay que llevarlo de a poco, cuidarlo y ordenarlo en el campo de juego. “Zucu” acepta ambas consideraciones y, también en base a la experiencia europea, toma apuntes: “No me molesta estar a la par de mis compañeros. Lo hace (Javier) Zannetti en el Inter y no lo voy a hacer yo acá. Yo veía a Kaladze, que jugó diez años en el Milan, y entrenaba conmigo y se mataba mal (en el Genoa). Entonces yo vengo acá y, también, quiero dar un ejemplo de lo que es entrenarse bien, así. Eso lo pude rescatar de allá. Estoy para aprender y no tengo problemas con eso”. Lo cierto es ya nadie le quitará la alegría de volver a vivir. Su estadía en la Argentina le da aire para seguir. Y la vuelta al club de sus amores cicatriza todas las heridas.
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