Con momentos de futbol bien jugado, la Academia le gano 3-0 a Huracán con goles de altísima dosis estética. Hauche, Fernández y Moreno hicieron vibrar a la multitud que se volcó al Cilindro en la antesala del clásico. Muchos puntos altos en el equipo de Russo.
No serán pocos los que intentarán ponerle paños fríos al triunfo por haberlo conseguido ante uno de los peores equipos de Huracán de su historia, con un DT que hace pocos días se hizo cargo del plantel y en un revuelo institucional ya característico al elenco de Parque de los Patricios. Sin embargo, hace unas fechas Racing perdió de local ante un equipo (Colón) que no ganaba de visitante desde la quinta fecha del torneo anterior y dos fechas posteriores renunció su entrenador. A su vez, había entregado una pobrísima labor ante el recién ascendido Olimpo. Por ende, y más allá de cualquier especulación, bienvenido sea y por varios factores lo logrado ante la Quema.
Indistintamente del rival, es fundamental que los jugadores que vinieron para darle vuelo futbolístico al equipo puedan tener su noche. Un ejemplo es el caso de Bieler, que con el partido sellado igual fueron varios los compañeros que los buscaron para que pueda reencontrarse con el gol. Por eso es una lástima que Toranzo no haya podido anotar y cerrar su noche más productiva. Ante su ex equipo pudo darle, en varias ocasiones, un buen destino al balón forjando a ultranza a una defensa que salía a jugar lejos de su área y dejaba mucho campo atrás sin ser su mayor virtud la velocidad de sus defensores. Por eso no fue casualidad que a los 14’ y tras apurar un lateral Racing haya tomado a contrapierna al globo y lograr anotar por intermedio de Hauche, en la primera apretada a fondo. Claro que hubo un merito en el delantero, que no cumplió con el protocolo de que a los laterales lo sacan los laterales y se agregó la astucia de Toranzo para meter entre líneas un pase justo y preciso. Hasta ahí el local no había tomado cartas en el asunto y solo José Fernández se demolía por su banda imprimiéndole vértigo a su sector. Sacrificio y fútbol que fue coronado con un cabezazo de manual entrando por el centro del área tras la mejor jugada colectiva del equipo en el torneo.
Bastó que Fernández enloquezca en su festejo a los 23’ para percatarnos de que el partido estaba concluido. Desde ahí hasta el final del primer periodo Racing contó con cuatro situaciones claras de gol con Hauche, Lugüercio y en dos ocasiones Toranzo. La mala puntería y el estilo poco ortodoxo de Monzón mantuvieron la diferencia. Mientras desde la platea se ponían de pie para aplaudir al equipo, las populares envalentonadas gritaban por el clásico.
El complemento retomó el ritmo del primero, aunque con un Racing más horizontal y administrador de sus propias energías. De todas maneras, Hauche volvió a acercarse al gol tras una muy buena sesión de Fernández y Toranzo tuvo dos más. Mientras que Brindisi movía el banco sin cambiar nada. El final del partido llegó con el “hombre del imán”: tras una linda maniobra colectiva, Giovanni Moreno pegó la pelota a su pie zurdo esquivando al defensor visitante y tras acomodar la pelota con la derecha abrió el pie zurdo y chau… Una preciosura. Los quince minutos restantes fueron para que se rememore sobre el clásico venidero y reconocer a un equipo que desarrolló una muy buena tarea. Cuando Pablo Díaz marcó el final inmediatamente se oyó “el domingo cueste lo que cueste…”. Hasta que un joven aclaro que “es el sábado” y sagazmente un cuarentón racinguista le toco el hombro y le dijo: “Pibe, es lo mismo. A aquellos (mirando la construcción) hay que ganarles de lunes a lunes…”. Si usted lo dice…

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